Buenos días,
Estas líneas sobre el ejercicio que hicimos en clase sobre el pasado lunes,
son las conclusiones que comentamos en el grupo después. Por tanto son fruto del trabajo de: Elena
Félix, Silvia Fernández, Flavia Piñeriro, José Javier Martínez, Lucila Estrada,
María Jaén, Paula Navarro y Estíbaliz Espejo-Saavedra.
Con respecto al ejercicio propuesto, nos gustaría comenzar estas
conclusiones con una cosa que observamos, y que quizá no se haya señalado hasta
ahora -si es así, corregidme- y es que nos resultó mucho más fácil, en
cualquiera de los tres casos, enseñar y aprender, o al menos comunicarnos,
entre iguales. El ambiente era más distendido. Tanto cuando tomábamos el papel
de alumnos como el de profesores, los miembros de ambos grupos estuvimos relajados,
las distancias eran más cortas y la interacción fácil. Probablemente la
distribución circular al rededor de una mesa, también ayudó. Nunca ninguna de
las personas que tomaron la palabra pareció ocupar el lugar simbólico de
profesor clásico, como autoridad intelectual por encima de los demás, e incluso
el resto participaba o ayudaba a la exposición mediante preguntas.
Si bien esto podría no tener relevancia en cuanto a cómo se explica algo que se
conoce o no, nos parecía importante señalarlo, precisamente, relacionándolo con
lo que vimos anteriormente con el ejercicio de categorizar las categorías de
profesorado que hicimos la semana anterior.
Pero, si nos dirigimos concretamente al trabajo de cómo enseñar qué, hemos
observado que, desde la perspectiva de quien enseña, íbamos abriendo más el diálogo y
la participación a medida que lo explicado nos era más desonocido.
En el primer caso, en el que explicábamos a los compañeros de la
especialidad de inglés, qué era un soneto, hicimos más bien una explicación
tipo magistral. Habíamos organizado cómo exponer el tema y buscamos un material
ad hoc. Concretamente un soneto de Lope
de Vega en el que se explica cómo es un soneto. Sin embargo, tal y como
comentamos después, no dejamos demasiado espacio al conocimiento compartido y la
interacción. Como especialistas en el contenido concreto, nos costaba dejar cabos
sueltos, partes sin explicar.
El segundo caso, en el que quisimos enseñar cómo se suben y bajan las
escaleras mecánicas en Madrid, la clase fue más cooperativa, anecdótica y
lúdica. Preparamos la presentación casi como si se tratara de una obra de
teatro, algunos explicaban mientras otros representaban las instrucciones
simulando con mímica cómo llevarlas a cabo. Los compañeros que tenían el roll
de alumnos interactuaron y contaron muchos casos de cosas que les había
ocurrido a ellos. En definitiva, un tema que parecía que no iba a dar de sí,
porque en teoría todos lo conocíamos bien, terminó siendo un tema con mucho
para comentar. Quizá porque todos nos sentimos lo suficientemente cómodos y
teníamos experiencias al respecto.
Por último, tratamos un asunto que no conocíamos en profundidad y del que
todos teníamos alguna idea previa. Pero quisimos además, que se tratase de algo
que nos pareciera importante, para que pudiera despertar el interés de aquellos
a quienes iba dirigido. Fue el tema más difícil de elegir, consensuar y
preparar. Por eso, mientras organizábamos cómo tratarlo, pensamos que quizá
sería más útil lanzarlo como debate con el fin de que todos juntos aportásemos
datos para construir conocimiento. Elegimos: Funcionamiento y utilidad del
Senado en España. Aunque apenas nos dio tiempo a mucho, y no llegamos a
demasiadas conclusiones, al contrario de lo que nos podía haber parecido a
priori, entre todos descubrimos que teníamos más nociones de las que
pensábamos. Si alguno decía algún dato, otros recordábamos otros relacionados y
así, poco a poco y entre todos, conseguimos ir dándole algo de forma. Parece
importante señalar que en este caso, como nadie conocía en profundidad el tema,
las fronteras entre quienes enseñábamos y quienes aprendían se diluyeron casi
por completo. Todos aportamos y todos aprendimos.
Tal y como hemos comentado en el grupo después, podríamos concluir que para que
exista aprendizaje no parece tan definitiva la división de profesor como
absoluto experto que, como diría Paulo Freire*, vierta conocimientos sobre un
alumnado pasivo que simplemente los acumula. De hecho, a pesar de que fue
expuesto de forma clara, ejemplificada y bonita, nos preguntamos si ahora mismo
nuestros compañeros sabrían decirnos algo sobre el soneto, o simplemente terminaron
por olvidarlo con rapidez. Parece que, desde nuestra misma experiencia como
alumnos en esa actividad, nos hemos quedado más con las cosas que hablamos
entre todos, que las que se enseñaron de forma magistral.
Esperamos que estas conclusiones os hayan servido para entender también
vuestros propios procesos. Gracias a todos por exponer las vuestras.
Un saludo
*En otra asignatura hemos visto
algo del trabajo de Paulo Freire y su teoría de la "Enseñanza
bancaria" y no podemos dejar de relacionarlo con las conclusiones que
hemos sacado de esta práctica. Aunque los compañeros de nuestra clase lo
conocen, se puede consultar pinchando en el siguiente enlace:
"Paulo Freire. Constructor de sueños"